Con el calor que está haciendo, la semana endemoniada que tuve, igual fui al gym!
Me sentía rara porque básicamente sentía que lo que estaba haciendo, me gustaba. Disfrutaba caminar mientras charlaba, le puse tanta alegría a mi rutina que nunca me di cuenta que pasaron 2 horas y yo seguía ahí.
Como cambian las cosas, antes era mi castigo y hoy es mi vía de escape, donde descargo la locura del día, de la semana o del momento mismo.
El profesor vió mi potencial y disfruta dándome ejercicios más exigentes, los cuales hago protestando solo para divertirlo haciéndole creer que lo odio. Pero la verdad, su fe en mí, me estimula.
No pensé nunca un viernes estar en pantalón de gimnasia, zapatillas y corriendo en una cinta, en vez de tirada en la casa de algún amigo cenando y haciendo fiaca (eso lo dejo ahora para después del gym).
Salgo con otro humor, agotada pero como descansada, renovada, y así, es como quiero seguir.